Hablar de pizza es hablar de historia, de tradición y de un plato que nació humilde y se convirtió en un icono mundial. Sus raíces nos llevan a Nápoles, pero lo cierto es que la historia de la pizza comienza mucho antes, con orígenes que se remontan a civilizaciones antiguas. En Egipto, Grecia y Roma ya existían formas primitivas de pan plano, a menudo cubierto con hierbas, aceite y otros ingredientes simples, que podríamos considerar los antecesores de la pizza moderna.
Sin embargo, fue en Nápoles, en el siglo XVIII, cuando la pizza tal como la conocemos empezó a tomar forma. En esa época, la pizza era comida callejera, un alimento rápido y sabroso para el pueblo, hecho con una masa sencilla de harina, agua y levadura, y aderezado con ingredientes fáciles de conseguir.
Entre todas las variedades que surgieron con los años, hay una que se ha convertido en un símbolo: la pizza Margherita. La historia más conocida —aunque probablemente más leyenda que realidad— cuenta que en 1889 el pizzaiolo Raffaele Esposito, de la pizzería Brandi, preparó tres tipos de pizza para la reina Margarita de Saboya durante su visita a Nápoles. De las tres, la que llevaba tomate, mozzarella y albahaca —colores que recuerdan a la bandera italiana— fue su favorita. En su honor, aquella pizza recibió su nombre.
Aunque no hay pruebas firmes de que esta anécdota haya ocurrido realmente, lo cierto es que la pizza Margherita ya existía antes y se consolidó como una de las recetas más representativas de la tradición napolitana. Con o sin historia real detrás, su combinación de ingredientes sencillos y equilibrados sigue siendo un homenaje a la esencia de la pizza: productos honestos, respeto por el proceso y una receta que ha trascendido generaciones sin perder su identidad.
Hoy, la pizza sigue evolucionando, pero su alma permanece intacta. Cada vez que una masa fermenta con paciencia, cada vez que un pizzaiolo cuida el equilibrio de los ingredientes, cada vez que el calor del horno transforma lo crudo en algo extraordinario, la historia —o la leyenda— se repite. Porque la pizza no es solo comida. Es cultura, identidad y pasión.